Hoy es otro día de recomendaciones. Como quizá sepan, existen diccionarios de muchos tipos, con varias finalidades:sinónimos, conjugaciones, de traducciones de palabras, significados, dudas, además de los diccionarios de las diversas disciplinas académicas o técnicas...Entre los diccionarios más atractivos se encuentran quizá los diccionarios de símbolos. En ellos lo importante no es saber cómo se escriben las palabras o cuál es su utilidad en determinados contextos de la lengua o la gramática, sino recopilar conocimientos más generales, de orden filosófico, cultural, religioso, antropológico, sobre los conceptos. Existe uno muy bueno, que es el diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot, editado en Siruela, que por cierto es una editorial excelente. Si quieren más información sobre este diccionario, pueden consultarel catálogo de Siruela http://www.siruela.com/catalogo/
Fernando Savater en un texto dice algo así como que las cosas no sólo son sino que significan, y que la realidad no importa porque es sino por lo que significa para cada ser humano. Al cobrar conciencia del mundo, los niños van dando significado a lo que les rodea, van descubriendo con ojos nuevos, lúcidos, expectantes... Una caja no es sólo una caja, una tela es más que una tela; la luna es una reina que aparece y luego se va a dormir; la noche es un abrazo; un papel es un avión; el mundo es una fiesta.
¿Qué significan para uno las palabras tiempo, Dios, amor, vida, muerte? En eso se han enredado los hombres durante siglos, y así seguiremos. Las palabras no siempre pueden definirse, ni siquiera entenderse completamente; sólo podemos intuir su esencia y... vivirla. En la película Camila, de Ma. Luisa Bemberg, la protagonista susurra que hay insectos que nacen por la mañana y mueren en la tarde, ¿cómo pueden comprender lo que es la noche?
Ojalá todos podamos por lo menos, comprender la palabra amor...
Pssst, este es un mensaje breve, sólo para hablarles de mi amigo el Diccionario panhispánico de dudas. Resuelve una cantidad de dudas, mucho más allá de un diccionario común, y también se pueden encontrar algunas "curiosidades antropológicas", como que es correcto decir chofer o chófer, e incluso choferesa... Más información en www.rae.es, que es la página de la Real Academina de la Lengua. Esta página es útil porque puedes consultar en línea el diccionario, no el panispánico que estoy recomendando, sino el diccionario normal de la Real Academia.
En mis épocas universitarias, en una ocasión fui con Pochito, un amigo, a ver una de obra de teatro alternativo, muy cercano al performance, a la Biblioteca México. La obra se llamaba "Estrategias fatales". Para mí fue absolutamente impactante; una experiencia prodigiosa de esas que consigue el arte, cuando uno siente que algo por dentro quiere brincarse la piel, rompernos los huesos para alcanzar el cielo. Era una obra sin un argumento hilado, construida por imágenes fuertes y pequeños fragmentos de historias; muy extraño para mí en aquel entonces, pero maravilloso. Recuerdo una frase de aquella obra: "Si el sol espera toda la noche para poder salir, ¿por qué no habría de esperarte yo?"
El caso es que seguí la pista de aquel grupo de teatro (La Rendija) y de su impulsora (Raquel Araujo). Años después, junto con mi amigo Francisco entrevistamos a Raquel para un proyecto editorial sobre mujeres mexicanas. Nos contó mucho de su teatro y de cómo se basaba en los conceptos de una corriente llamada "teatro personal" y desarrollada por Gabriel Weiz (si no mal recuerdo). La idea era poder resolver problemas personales a través del teatro. En La Rendija, cuando se reunían a ensayar, cada quien escogía un tema, debía ser un asunto personal que les estuviera impidiendo crecer, por así decirlo, y entre todos lo trabajan en pequeñas historias.
Al escuchar esto me di cuenta de que yo muchas veces hacía "escritura personal", y que a través de la escritura podía también trabajar mis dolores... Qué mágico momento es el que se tiene frente a un cuaderno (o computadora...) dejando que el espíritu brote hacia las palabras y el dolor fluya y fluya y fluya, y uno simplemente lo deje salir, sin mediaciones... Qué gloriosa catársis brinda la escritura, que nos ayuda a elaborar nuestros duelos y a ser estrategias de nuestras pequeñas y grandes batallas...
A veces me da por pensar cuál es la implicación de las palabras en "el mundo", es decir, qué relación tiene una palabra con aquella cosa o idea a la que se refiere. A lo largo de los siglos muchos filósofos se han enredado en elucubraciones al respecto: algunos dicen que nombrar de tal o cual o modo una cosa es arbitrario; que una silla podría igualmente llamarse coco, o chucuchú, o lo que fuera. Otros dicen que la palabra contiene la esencialidad de aquello que designa, que de algún modo la palabra silla contiene el "ser" de la silla, es decir, porqué es ese objeto y no otra cosa.
Como sea, el acto de nombrar es tan importante, que en la mayoría de mitologías y religiones, va asociado al acto de crear; los dioses nombran lo que van creando, o dan esa concesión a seres privilegiados, como el hombre: les permiten nombrar a las cosas que existen en el mundo.
Yo creo que los nombres que designan personas, cosas, ideas, etc, no son arbitrarios y que sí contienen algo de la esencia de aquello que designan, pero es difícil probarlo o explicarlo. No por nada un buen número de padres eligen con muchísimo cuidado el nombre que darán a sus hijos para que sea muy significativo. O en algunas culturas se da el nombre cuando el niño ya es un poco mayor y es visible "su esencia", su personalidad... A veces alguien siente que el nombre que tiene no concuerda con su esencia y se lo cambia o se adjudica un sobrenombre...
En una película francesa que se llama "Peor para mí", de Godard, en algún momento se dice que "el último rastro del lenguaje divino en el lenguaje humano es el nombre", es decir, que cuando damos nombre a nuestros hijos, o cuando alguien se adjudica un nombre, hay algo sagrado ahí que implica una esencia, algo que no es sólo pragmático sino con un contenido especial. En lo personal, yo creo que no podría llamarme de ningún otro modo que no fuera Laura... ¿qué opinan?
Cuando imparto cursos y talleres de creatividad literaria o de redacción, me gusta platicar sobre una entrevista que un amigo y yo hicimos hace años a Ethel Krauze, escritora mexicana que ha podido dedicarse a la literatura sin tener que recurrir a otros trabajos para sobrevivir. Con mucha pasión, ella decía que la escritura es para todos, no sólo para los escritores, y hacía alusión a películas, novelas o historias que hacen referencia al momento en que alguien descubre "el baúl del abuelo" o de la abuela, y encuentra allí montones de papeles en los que el abuelo o abuela capturó su vida: cartas, diarios, libretas con notas...
Es una pena constatar que la escritura comenzó a perderse, comenzó a dejarde ser un modo de penetrar en las entrañas incognoscibles de cada uno,comenzó a dejar de ser un legado al no haber más "baúles" para hijos o nietos. Sin embargo, también puede ser alentador pensar que nuevas generaciones han recuperado la escritura através de nuevos canales, como los blogs, y que tal vez los baúles no se pierdan, sino sólo cambien de forma.
Conectarse con las letras, con la palabra escrita, ligándola a laesencia de cada quien es importantísimo, pues cualquier cosa que escribamos, ya sea una tarea escolar, un texto académico o hasta un mero instructivo, llevan nuestro sello personal, nuestro estilo. Cualquier cosa que escribamos lleva nuestra huella; y seguir las propias huellas nos ayuda a llegar al fondo de nosotros mismos...
